¿Sientes que tu relación con el ejercicio se volvió una obligación en lugar de un disfrute?
El ejercicio tiene múltiples beneficios: fortalece el cuerpo, mejora la salud cardiovascular, regula el estado de ánimo y puede ser una fuente de bienestar general.
Pero cuando se convierte en una herramienta para perder peso pasa a ser una obligación rígida, motivada por la culpa o el castigo. Esto aumenta las resistencias a hacer algo que te aporta bienestar, principalmente si no logras la perdida de peso que esperabas.
“Para que hago ejercicio si no logro perder peso”. ¿Te suena?
En este artículo exploramos lo que es el ejercicio disfuncional y como es que algo benéfico comienza a volverse dañino para la salud mental.
¿Qué es el ejercicio disfuncional?
El ejercicio disfuncional se caracteriza por la intención con la que se realiza.
Se considera disfuncional cualquier forma de ejercicio que:
- Se usa con fines compensatorios (para “ganarse” la comida o “quemar calorías”).
- Está motivado por culpa, ansiedad o compulsión.
- Se mantiene a pesar de dolor, fatiga o indicaciones médicas.
- Se vive desde la rigidez, la autoexigencia o el castigo.
- Se convierte en una forma de control de la forma del cuerpo.
Este tipo de ejercicio puede parecer “disciplinado” desde fuera, pero muchas veces encubre una relación de rechazo e insatisfacción con el cuerpo.
Ejercicio funcional vs. ejercicio disfuncional
| Ejercicio Funcional | Ejercicio Disfuncional | |
|---|---|---|
| Motivación | Bienestar, energía, disfrute | Control de peso o forma corporal |
| Flexibilidad | Se adapta al cansancio, al ciclo menstrual, a la vida | Se mantiene rígido, aún si hay fatiga o enfermedad |
| Relación con el cuerpo | Escucha, autorregulación, respeto | Castigo, exigencia, desconfianza |
| Efecto emocional | Mejora del estado de ánimo | Malestar si no se cumple, ansiedad por descansar |
¿Qué sostiene el ejercicio disfuncional?
Muchas veces, el ejercicio se convierte en una herramienta para perder peso, quitando del radar sus multiples beneficios.
Creencias frecuentes que lo sostienen:
- “Creo que el ejercicio es para bajar de peso, no para disfrutarse”
- “El ejercicio solo sirve si quemo calorías”
- “Si hago ejercicio pierdo grasa y gano músculo”
- “Si no hago ejercicio, no puedo comer o tengo que cuidar lo que como”
- Si sudo más, pierdo más grasa”
- Tengo que hacer ejercicio 150 min a la semana, sino no sirve de nada”
Estas creencias muchas veces pueden romper la relación placentera con el ejercicio, ocasionando que se aumenten las resistencias y se abandone esta herramienta de auto cuidado.
Signos de alerta: ¿cómo saber si mi relación con el ejercicio se esta volviendo disfuncional?
- Tu rutina de ejercicio es rígida, inflexible.
- Te exiges a cambiar tu cuerpo con él.
- Sientes frustración si no logras los resultados de peso que quieres.
- Lo haces a pesar de lesión, enfermedad o fatiga.
- Sientes culpa o ansiedad si no puedes hacerlo.
- Usas el ejercicio como permiso para comer.
- Cuando comes algo que te genera culpa, haces ejercicio para compensar.
El miedo a dejar de hacer ejercicio
Uno de los efectos más evidentes de esta relación disfuncional es el miedo al descanso. Si te permites descansar entonces sientes que te arriesgas a:
- Subir de peso
- Perder el “progreso” físico
- Perder el control con la comida o la forma de tu cuerpo.
- Dejar de “merecer” comer lo que te gusta.
Este miedo suele estar alimentado por la normalización de vivir a dieta, exigencias estéticas y creencias rígidas sobre el cuerpo.
Pero el descanso también es necesario. Y más aún: es parte del proceso adaptativo del ejercicio. Tu cuerpo necesita pausas para reparar, regenerar y sostenerse en el tiempo.
¿Cómo transitar hacia una relación más sana con el movimiento?
- Explora tu motivación: ¿Para qué haces ejercicio?
- Indaga en el placer: ¿Disfrutas tu movimiento? o ¿solo lo haces para perder o mantener tu peso?
- Renuncia a falsas creencias: ¿Que pasaría si renuncias a querer perder peso con el ejercicio y enfocarte en todos sus beneficios reales?
- Permítete encontrar un movimiento que te guste: Disfrutar el ejercicio es la mejor forma de mantenerlo.
- Aprende a descansar sin culpa: ¿Qué miedos surgen cuando no haces ejercicio?
- Busca acompañamiento si lo necesitas: Un enfoque psiconutricional puede ayudarte a sanar tu relación con el cuerpo y el ejercicio.
- Escucha las necesidades de tu cuerpo: Busca la flexibilidad en lo que tu cuerpo va necesitando.
En Fabiola Gama trabajamos desde la nutrición sensible para ayudarte a habitar tu cuerpo sin castigo
El ejercicio no debe ser una herramienta que te angustie. Si sientes que tu relación con el movimiento se ha vuelto exigente, rígida o dolorosa, hay formas de salir de ahí.
Agenda una consulta 1:1 y trabajemos juntas en una relación más compasiva con tu cuerpo, tu comida y tu bienestar.
